La Ciudad de Buenos Aires tiene en la actualidad 11.892 personas en situación de calle efectiva, según se desprende del Tercer Censo Popular de Personas en Situación de Calle, realizado entre el 26 al 28 de junio pasado, a partir del trabajo de más de treinta organizaciones sociales, políticas, sindicales, religiosas y de derechos humanos.
Resultados que se dieron a conocer este lunes, en una conferencia de prensa en la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro, con la presencia de la diputada peronista Benerice Iañes, junto a referentes de las distintas organizaciones que realizaron el relevamiento, en un salón colmado, al que acudieron la legisladora Victoria Montenegro y el legislador Alejandro Grillo, integrantes también del bloque Unión por la Patria.
Fueron tres jornadas donde cientos de voluntarios recorrieron todos los barrios de la Ciudad, las 15 Comunas, buscando saber cuántas personas sobreviven actualmente en la calle, las trayectorias de vida de esta población, cómo se encuentran en materia de salud, educación y trabajo, y si las políticas públicas que el Gobierno porteño emplea son realmente efectivas para cada una de esas personas en situación de calle pues, como dijo una de las expositoras, son seres humanos que deben ser entendidos como vecinos y vecinas de esta Ciudad.
Se trata de una realidad que está subestimada, si se toma en consideración la diferencia con los números oficiales, obligando a entender la consecuencia que esto implica a la hora de pensar las distintas políticas públicas en la materia. Una población en situación de calle que desde el propio Gobierno porteño y el nacional no logran ser contenidas desde un abordaje integral, con acompañamiento personalizado, acceso a los Centros de Inclusión Social, cobertura de salud y asistencia social, tal lo dispuesto por la propia normativa local y nacional.
Desde las organizaciones se comparte el criterio de la administración porteña, reconociendo que la calle no es un lugar para vivir, agregando que tampoco es un lugar para morir, motivando así la realización de este censo realizado bajo estrictos términos metodológicos, incorporando en esta oportunidad una aplicación, para cuyo uso se capacitó a quienes realizaron el trabajo de campo, sumado a un registro en papel, lo cual dará lugar a una importante cantidad de datos que se encuentran siendo procesados y que serán dados a conocer en un mes.
Una metodología que implicó un rastrillaje de la Ciudad en su totalidad, dividiendo el territorio en seis zonas, que a su vez se subdividieron en cuadrículas, donde cada una de ellas era relevada por la mañana, por la tarde y por la noche. Tres turnos diarios durante las tres jornadas que duró el censo, adaptando todo el esquema a la presencia y disposición de la propia gente en situación de calle, las cuales eran asociadas, al ser censadas, con las dos primeras letras de su nombre, las dos primeras letras de su apellido y su fecha de nacimiento (día-mes-año), permitiendo así una carga en el sistema que no divulgara identidad e impidiendo la duplicación de datos, preservando la intimidad de cada persona.
Un trabajo metodológicamente riguroso que, tal lo dicta la propia ley vigente, debería ser llevado adelante por el propio Gobierno de la Ciudad en conjunto con las organizaciones que trabajan la temática, cuestión que no ha podido concretarse, ni en los dos censos anteriores ni en este, por desacuerdos metodológicos que las organizaciones sociales defienden, pues para obtener datos cualitativamente relevantes, afirman, la muestra censal no pude realizarse bajo los criterios de sugiere la propuesta gubernamental.
El formulario de campo utilizado por las organizaciones, durante estos tres días, al que accedió notibuenosaires, tiene diez hojas, donde se dejó claramente establecido la fecha, el número de cuestionario, quién realizó la encuesta, en qué barrio, calle, altura e intersecciones.
La primera de la secuencias abordó cuestiones socio-demográficas, estableciendo en primera instancia si la persona en situación de calle estaba en condiciones de responder, entendiendo que pudo ocurrir que se encontrara durmiendo al momento de ser censada, cuestión que obligaba a un regreso, y si se encontraba, determinar si estaba predispuesta responder, previendo ante la negativa la aplicación de un módulo observacional, que permitiera recabar la mayor cantidad de datos posibles.
Este módulo observacional implicó dar cuenta del género; si la persona estaba sola o acompañada, en este último caso aclarando si era con otras personas adultas o con niños o adolescentes. Dejando asentado si se encontraba en la vereda, en una plaza o parque, en la puerta de una Iglesia, en la entrada o guardia de un hospital, en una terminal de transporte, bajo una autopista, o algún otro lugar, pidiendo se especifique.
Se buscó con esta observación, además, que se describa si la persona en situación de calle estaba asentada en ese lugar; si había presencia de mascotas; si se veían elementos que dieran cuenta de una actividad laborar, como puede ser el carro de un cartonero, o artículos de venta ambulante. Dejando espacio para incorporar información adicional.
En caso que la persona en situación de calle se haya prestado a la entrevista, tomando los datos nominalizados, no individualizables, como se dijo, se le consultó cómo se definía respecto del género; cuántos años tenía; si siempre vivió en CABA; dónde había nacido; cuál era su nivel educativo; si tenía algún documento de identidad, pidiendo que lo aclare en caso afirmativo.
Respecto de la recolección de datos relacionados a niñas, niños o adolescentes a cargo de la persona censada, se buscó establecer el tipo de parentesco; el sexo; la edad; el nivel educativo; la nacionalidad; si estaba o estaban escolarizados.
Un segundo apartado buscaba obtener datos sobre la trayectoria en calle. Si esta era la primera vez que se encontraba en tal condición; cuánto tiempo llevaba en la calle, marcando temporalidades de un mes a los seis años; pidiendo información respecto de dónde se vivía antes de quedar en situación de calle, es decir, vivienda propia, alquilada, ocupada, en hospitales o comunidades terapéuticas, en cárceles, en hogares o instituto de menores, en hoteles o pensiones, u otros lugares.
Para profundizar sobre las razones de la actual situación de calle, se pidió que se dijera si esto se debió a separación de pareja; por haber sufrido situaciones de violencia contra sí o contra los hijos; porque el edificio donde vivía se derrumbó, se incendió o era inhabitable; si fue expulsado/a de la vivienda; si razón fue por haber terminado el contrato de alquiler; por pérdida de trabajo; por hospitalización; por haber estado privado/a de la libertad; por haber cambiado de localidad; o por no poder pagar un alojamiento.
Este segmento de conocer las trayectorias de calle apuntó también a preguntar si la persona en situación de calle mantenía o no contacto con su familia, dejando espacio para saber, en caso negativo, si existía el deseo de tenerlo.
También se apuntó a esclarecer a quién le pide ayuda, en caso de necesitarla, cada una de estas personas en situación de calle. Si es un programa institucional del Gobierno de la Ciudad; si es a alguna fundación u organización social; a una Parroquia o Iglesia; a la policía; a familiares; a otras personas en situación de calle; a amigos o amigas; a voluntarios/as que ayudan; o a vecinos/as.
Otro de los apartados consultados en el censo fue el de trabajos e ingresos económicos, preguntando primero qué tipo de actividad realiza para conseguir dinero. Si no se realiza ninguna; si se trabaja en relación de dependencia; si es por changas; con cartoneo; venta ambulante; cuida coches; trabajo sexual; o si pide dinero.
Agregándose la consulta si se tiene otro ingreso fijo, como podría ser jubilación; pensión; Asignación Universal por hijo; por el programa Haciendo Futuro; por Ciudadanía Porteña; por Ticket Social; con un subsidio habitacional; algún amparo judicial; o algún seguro de desempleo.
Por último, no menos importante, se abordó la temática salud, consultando a las mujeres si estaban o no embarazadas; y a todos en general qué pensaban de su salud en esta situación de calle, consultando se creían que no empeoró; si empeoró poco; o si empeoró mucho.
En este mismo tramo se consultó si la persona censada tenía algún tipo de discapacidad, pidiendo precisiones al respecto.
También se pidió que respondieran si consumían alguna sustancia. Cigarrillo; alcohol; marihuana; pasta base; cocaína; pastillas; o alguna otra sustancia. Indicando, en caso positivo, si este consumo se inició, aumentó o disminuyó, desde que la persona en cuestión está en situación de calle.
Un censo que buscó arribar a datos que permitan elaborar un informe cualitativo, sin buscar solamente conocer el número de personas en situación de calle, necesitando contar con datos valiosos que permitan dar respuestas claras, sostenibles en el tiempo, que permitan establecer políticas públicas que ayuden a transformar, en concreto, de esas 11.892 personas que día a día, noche a noche, viven a la intemperie.














